"Tocá más fuerte, Cacho. No dejes que el barullo del dolor se trepe por el ruido de los tambores."
"Bailá más alto, Nico. Que cada salto sea un pisotón en la cabeza de los gigantes que te amenazan."
Mi sangre hierve a borbotones al compás de esta murga guerrera; no hay que darle tregua a la vida, hay que apalearla nomás. Hay que cantarle las cuarenta, pa' que tenga. Hay que reírsele en la cara, pa' que aprenda.
Cada verano exorcisar en un ritual las penas contenidas. Las que se vienen drenando todo el año a fuerza de ensayo, pero en el corso se congregan para recibir condena.
Tocá más fuerte, no pares. Saltá más alto, no te detengas. Hasta que salgan, hasta que se atonten los demonios internos y tal vez los venza...

Temer el tiempo de espera
Temer el ciclo interminable, la vuelta del barrio a la rutina. Temer la ausencia de risas y tardes compartidas. Cuando todo quede en penumbras otra vez y guarde el traje en el placard para el próximo corso de la vida. Cuando el platillo enmudezca extenuado y cicatrice de los golpes enfurecidos. Cuando los colores apaguen su brillo y se desvanezcan en tinieblas.
Silencio de tambores, pesadilla temida.
Ausencia de gentío, pánico del alma.
A solas con mi indignación, y mi dolor a cuestas.
Comprobar que mi historia está allí, intacta. Tiempo de remendar el alma, de bordarle lentejuelas. Y componerle una canción para amigarme con ella. Hasta el próximo corso o hasta la próxima murga guerrera.
Para Iris, remendona de almas murgueras.























